confesiones

Mujeres de Montevideo: Una charla con Gladys

10 Mar 2016

Mujeres de Montevideo

El 8 de marzo, en el marco del Día de la Mujer, salimos a recorrer las calles de Montevideo en busca de historias de mujeres. Nos encontramos con Gladys que, junto a una amiga, esperaba reencontrarse con otra amiga que no veía hace más de 40 años. Cuando les contamos lo que estábamos haciendo, nos dijeron: “No nos dimos ni cuenta que era el Día de la Mujer. Va a ser un reencuentro hermoso.”

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El abrazo de reencuentro

Mientras esperaban, hablamos con Gladys de todo un poco. Ésta es su historia o al menos parte de ella:

“Las relaciones son muy importantes para una vida feliz: tener amigos, tener familia. Las amigas son lo más grande que hay, te ayudan en todo momento y no las perdés nunca. Y lo mejor de todo es que te podés hacer amigas a cualquier altura de la vida. Lo comprobé después de que falleció mi esposo cuando tuve la oportunidad de conocer a dos personas maravillosas…

El momento más feliz de mi vida fue cuando dije: ‘Mamá, soy madre de un varón’, quizá porque me costó quedar embarazada. Lo deseaba tanto que ese momento fue, sin lugar a dudas, uno de los más lindos de mi vida.

En el 75′ estaba muy nerviosa y fui a un analista. Me dijo ‘señora, usted quiere que todo gire alrededor suyo, quiere a todos los pollitos debajo de su ala, pero usted no sabe que en muchos países más liberales los padres impulsan a los hijos a irse de su casa cuando cumplen 16 años’. A mí me parecía algo horroroso. Mis hijos se quedaron conmigo hasta que se casaron.

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El momento más difícil de mi vida fue cuando falleció mi mamá, me costó mucho más que perder a mi esposo. Iba por la calle y lloraba. Me llevó 2 años recuperarme, era muy apegada a mi mamá. Ella siempre me ayudó en todo, con sus carencias y todo. Me acuerdo que mi marido le decía ‘no, así no se hace’, hablando de la educación de los hijos. Le pedía que no les mienta, que no fuera tan formal. Y mi mamá empezó a leer de psicología para poder prepararse para el nuevo desafío. Así fue como me acompañó siempre.

La muerte de mi esposo también me costó mucho. Estuvimos 40 años juntos y lo más difícil fue volver a ser yo. Para mí era todo una cosa: mis hijos, mi marido y yo. Cuando él se me fue, se cayó la mitad del mundo, y tuve que empezar a abrir la cabeza de otra forma para poder superarlo y no hacer sufrir a mis hijos y no sufrir yo.

En el 2011, nueve años después de que falleció, me surgió la oportunidad de hacer un viaje y tenía una mochila, tenía a Gustavo (su marido) acá arriba y dije ‘no, no puedo ir, ¿a qué voy a ir?‘. Por suerte mis hijos, mis nueras y mis amigas me ayudaron muchísimo y salí adelante.”