confesiones

Mujeres de Montevideo: Lucía

01 Sep 2019

“Viví quince años en el medio del campo con mi madre, mi padre y mis dos hermanos menores. Nunca salíamos mucho de ahí. Una vez la invitaron a mi madre a Salta en Argentina, a la peregrinación de las apariciones de la Virgen María. Fue la primera vez que nos dejó pero cuando volvió era otra mujer, estaba cambiada, con más sonrisa y no nos retaba. Fue entonces que empezó a insistirnos y al año siguiente estábamos los cinco sobre el bus hacia Salta.

Yo tenía doce años y recuerdo que iban familias amigas, no entendía nada pero estaba divertida y en otra onda. Los coordinadores nos aconsejaron que abriéramos el corazón para el gran encuentro.
Mientras subíamos el cerro rezamos el Rosario y para mí era algo diferente, porque yo había tomado la primera comunión pero no estaba acostumbrada a eso.
Arriba del cerro pensé que sería bueno concentrarme y al momento del encuentro con María y Jesús a través de María Libia, la señora a la que se le manifiestan, sentí una paz especial. Estaba acostumbrada al silencio del campo, pero esto fue una revelación de Dios, que me demostró la paz que existe dentro de nuestros corazones y el sentimiento fue impresionante.
Cuando volvimos a casa, pasaron los días y ese fin de semana quedó como algo lindo pero yo conservaba algo dentro de mí que me llevó a pedirle a mi madre para volver al año siguiente, y fuimos las dos. Fue un viaje excelente que hice con trece años, formé mi grupo de confirmación de jóvenes y a partir de ahí comencé a ir todos los años hasta el día de hoy que tengo veintidós.
Creo que significa una instancia especial para agarrar fuerza y luego gastarla en la cancha, durante todo el año. Cada vez iba un poco más hondo, para conocer más el valor de la Misa y el Rosario. Es una experiencia que me hace sentir amada por Dios y es lo que también me ayuda y en lo que me apoyo para enfrentar momentos difíciles de la familia y de la vida, que todos tenemos.
Ahora vivo en Montevideo, porque estudió arquitectura y empecé también maestra de primera infancia, me di cuenta que me encanta tratar con niños, en mi vida siempre estuve con niños y tengo esa vocación, así que por ahí voy, lo siento como una entrega, me gusta desgastarme por eso y estoy feliz.
En cuanto a las peregrinaciones, ahora me convertí en coordinadora, quiero que más personas conozcan lo que yo conocí. Nos vamos de misión por todo el país para que nos escuchen. Vamos a colegios, a hospitales o por las calles, tratando de que los demás puedan encontrar la alegría que genera tener un apoyo en Dios, porque él nos creó para ser felices y disfrutar la vida.
También participo en los movimientos de la Iglesia Católica, para demostrar que hay muchos jóvenes que encontraron una fuente de alegría y de luz allí y que quieren compartirlo con los demás. Estoy ansiosa por el futuro pero en paz a la vez, la fe me cambió la visión de la vida sin tener milagros de por medio y para mí es un camino de ida.