soy mamá

La preocupación, por Magdalena Piñeyrúa

27 Jan 2021

Enorme o chiquita, llevamos la preocupación encima. Y la cargamos con nosotras a todas partes, como si fuera una de esas etiquetas de las remeras que pinchan y molestan, y que no te las podés arrancar tan fácilmente.

 

A veces la tenemos más presente y otras veces la sentimos menos, pero estar está.

 

Me miro, nos miro, y no puedo evitar preguntarme si detrás de nuestra practicidad, de nuestras risas, de nuestra mirada, de nuestras idas y vueltas de todos los días, no se esconde siempre un poco de preocupación, camuflada, guardada en algún bolsillo.

 

¿Será que todas las madres siempre estamos preocupadas por alguno de nuestros hijos, por más leve e insignificante que sea la causa?

 

Por su salud, por su estado de ánimo, por su conducta, por sus capacidades, por sus posibilidades, por su presente, por su futuro…

 

¿Ser madre es estar siempre un poquito preocupada? ¿Las madres más grandes, las que ya tienen hijos adultos, se siguen preocupando?

 

Hace poco, durante un encuentro con madres veteranas, les hice esa pregunta y al unísono me contestaron que sí. Que siguen pendientes de sus hijos, que alguna preocupación siempre hay en la vuelta y que creen que nunca se va a ir del todo.

 

Parecería que la preocupación viene en el lado B de ser mamá, junto con el dolor y el miedo. Lo bueno es que la felicidad y la emoción que nos hacen sentir todos los días por el simple hecho de tenerlos cerca y saberlos nuestros, hace que todo lo demás valga la pena.

 

Y si la preocupación tiene que venir que venga, pero que aparezca así, envuelta en el amor más fuerte de todos.