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Cuando el cuerpo pide una pausa: dolor cervical y lumbar
03 Feb 2026
En los últimos años, el dolor en el cuello y la zona baja de la espalda dejó de ser un malestar aislado para transformarse en una de las señales más frecuentes del estilo de vida contemporáneo. Cada vez más personas —desde jóvenes profesionales hasta adultas mayores— experimentan rigidez, tensión o molestias tras jornadas largas frente a pantallas, viajes en transporte o rutinas que parecen no dejar espacio para detenerse.
No es casualidad: nuestro cuerpo está diseñado para moverse, no para sostener posturas estáticas por horas. Cuando la columna se tensa, los músculos se contracturan y la respiración se vuelve más superficial, el cuerpo nos está enviando un aviso claro: es momento de prestar atención.
¿Qué nos está diciendo el dolor?
El dolor cervical (en el cuello) y el lumbar (en la parte baja de la espalda) no siempre son el resultado de una lesión grave. A menudo responden a:
Sedentarismo y malas posturas, especialmente por horas frente a un monitor o con dispositivos móviles en posiciones incómodas.
Estrés crónico, que tensiona la musculatura y puede agravar los síntomas.
Tensión acumulada por patrones de movimiento inadecuados, que con el tiempo generan desequilibrios funcionales.
En muchos casos, el dolor no es el signo de un daño estructural grave, sino un llamado de atención del cuerpo para que bajemos el ritmo y reacomodemos nuestras prioridades físicas y emocionales.
Escuchar antes de que duela
Aprender a reconocer las señales tempranas puede hacer una gran diferencia. ¿Te levantas con el cuello rígido? ¿Sientes tensión lumbar al final del día? ¿Te cuesta conciliar el sueño porque estás “en tensión”? Cada uno de estos indicios vale más que un simple malestar pasajero —es una invitación a cambiar hábitos antes de que el dolor se vuelva persistente.

Pausas activas y movimiento consciente
Al contrario de lo que muchos creen, el reposo absoluto no siempre es la mejor respuesta: mantenerse activo con movimientos suaves favorece la circulación, reduce contracturas y ayuda a “resetear” los patrones musculares.
Incorporar pausas activas en la rutina laboral o doméstica —aunque sea unos minutos por hora— estimula la movilidad, relaja la columna y aporta más bienestar que pasar horas sentada sin interrupciones.
Algunos consejos prácticos:
Ergonomía que cuida tu espalda: ajustá la altura de tu monitor, usá una silla con buen soporte lumbar y mantené los pies apoyados en el suelo.
Pequeños estiramientos diarios: movimientos suaves de cuello, hombros y espalda ayudan a reducir tensión acumulada.
Caminar y moverse con regularidad: aunque sea breves paseos o cambios de postura cada 30–60 minutos.
Ejercicio moderado: actividades como yoga, pilates o natación fortalecen la musculatura y mejoran la postura.
Más que un síntoma físico: la conexión cuerpo-mente
No podemos separar cuerpo y mente: el estrés emocional, la falta de sueño y la ansiedad intensifican la percepción del dolor y dificultan su manejo. Escuchar al cuerpo incluye prestar atención a nuestro ritmo interno y hacer espacio para el descanso, la calma y la recuperación.
Si la molestia se vuelve persistente, intensa, acompañada de hormigueo o debilidad, o limita tu vida diaria, consultar a un profesional de la salud es esencial. Un abordaje temprano puede evitar que un dolor temporal se vuelva crónico.